jueves, 22 de enero de 2009

Maria Beatty (I)




Conocí a Maria Beatty a finales de los noventa, en la sexta edición del Ficeb, el último que dirigí. Yo quería dedicar un espacio específico del certamen al bdsm, pero la idea no despertó demasiado entusiasmo. De hecho, tuve que avalar y garantizar el presupuesto para poder llevar adelante el proyecto. Entre las muchas cosas que tuve que discutir figuraba el propio nombre del espacio -Fetish Café- un nombre que algunos no consideraban acertado en base a que en el espacio no se serviría café. Así estaban las cosas en aquellos tiempos. Sorprendentemente, meses después hubo quien no sólo se apropió del nombre, sino que llegó a registrarlo. Pero esa es otra historia que a lo mejor algún día me da por contar.
Conocía el trabajo de Maria a través de K-Films, una productora y distribuidora francesa que incluso llegó a organizar un festival de cine fetichista. El FFF, Fetish Film Festival, no tuvo una larga vida, pero sirvió para alimentar la curiosidad y el conocimiento de algunos que, como yo, considerábamos que el bdsm no podía ser tan casposo y cutre como nos lo presentaban.
La primera edición del Fetish Café no podía, ni debía, ser un fiasco, así que decidí que había que incorporar a los elementos decorativos (manteles negros en las mesas trajes fetichistas para las camareras, velas rojas, potros, látigos y demás elementos de la parafernalia sadomasoquista) a algunas personalidades que dotasen de cierto nivel al evento. Neoyorquina, vinculada al underground y al cine experimental, masoquista confesa y sexualmente ambigua, Maria Beatty era ideal. Y la invité. Y ella aceptó.
En persona, Maria resultó ser menuda, dulce y aparentemente frágil. Vino con su novia, una chica que trabajaba en la producción cinematográfica conduciendo camiones de gran tonelaje. El contrato entre Maria y el Ficeb contemplaba, si no recuerdo mal, un espectáculo diario en el escenario del Fetish Café. Naturalmente, no se contemplaba nada en relación a la novia, salvo que ejerciese ejerciese de eso, de novia. Sin embargo, cosas del buen rollito, la novia en cuestión resultó ser una excelente dominatriz que no tardó mucho en subirse al escenario para participar activamente en la función. Probablemente, al comprobar que el nivel del resto de performers no era para tirar cohetes, tomaron la decisión de montárselo ellas por su cuenta. Aunque sólo es un suponer.
Maria me trajo todas sus películas. Media docena de cintas grabadas en celuloide, 16 milímetros y blanco y negro. Películas exquisitas cono "The Black Glove" o "The elegant spanking", por sólo citar un par de ellas. Mediometrajes realizados con un elegante sentido de la narración cinematográfica y una delicada puesta en escena. Un tipo de cine -y de bdsm- que no todo el mundo entendió.
Creo que Maria Beatty se lo pasó muy bien en aquella visita a Barcelona y me ha alegrado mucho comprobar que sigue activa y que su trabajo sigue siendo reconocido y admirado.
Unos meses después de aquel encuentro, ya convertidos en buenos amigos, la visité en Nueva York, estuve en su casa y salimos por ahí...pero éso será la segunda parte de la historia.

2 comentarios:

Antonio Graell dijo...

Si señor, María era (supongo que lo seguirá siendo) una persona encantadora y sus películas, sobre todo las dos que mencionas, una maravilla.

Un abrazo y me has dejado con las ganas de conocer esa segunda parte no tardes mucho jejeje ;)

moscacojonera dijo...

yo en mi linea, me he quedado pendiente de ese cotilleo sobre FetishCafé :P